Mucho se dice y se enseña sobre el tema del diezmo
y en ese sentido existen defensores y opositores. Los opositores expresan con
una especie de rabia que aquellos que lo instituyen como parte de la vida
cristiana normal, son aprovechadores y ladrones. Por otro lado, están los que
entienden que el diezmo sí hace parte de la vida de un cristiano y expresan que
es la forma de honrar a Dios y que todo cristiano debe diezmar para poder
recibir bendiciones de Dios.
Estos dos tipos de enseñanzas extremas son muy
peligrosas ya que afirman categóricamente que así es como debe ser entendido el
diezmo; pero pasan por alto que la Palabra de Dios está por encima de cualquier
precepto o creencia humana. No hay duda entonces que la enseñanza bíblica no
respalda estas dos “posiciones” que son las más comunes en el mundo cristiano
evangélico.
De
modo que para empezar a entender todo lo relacionado con el diezmo necesitamos
despojarnos de todo prejuicio humano y ver en la misma Biblia cuándo y de qué
forma es utilizada dicha palabra.
Ahora
permítame hacer un pequeño paréntesis para comentar algo que creo es de suma
importancia para tratar y entender este tema: La nación de Israel y la iglesia
de Jesucristo.
En
primer lugar debemos entender que son dos entidades diferentes; que tienen un diseño,
un comienzo, un trato, y un destino distinto. Y segundo que aunque son dos
entidades formadas por Dios y que habitan simultáneamente en la tierra nunca actuaran
unidas porque Dios las trata y las conduce independientemente.
Cuando
hablamos de Hebreo, Israel y judío, estamos hablando de lo mismo. Son nombres
intercambiables que significan lo mismo. Dios llamó a Abraham y le dio
promesas, luego estas promesas fueron confirmadas a su hijo Isaac y
posteriormente re confirmadas a su nieto Jacob. Dios le cambió el nombre a Jacob
por Israel y solo a partir de este hecho surge las tribus de Israel o nación de
Israel. Pero Jacob tuvo un hijo que se
llamó Judá de donde vendría el Señor Jesús nuestro Salvador. Solo A partir del
surgimiento de Judá, los descendientes de Jacob reciben el nombre de judíos. El
apóstol Pablo, no descendía de la tribu de Judá; sin embargo él mismo dijo que
era del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, Hebreo de Hebreos, en cuanto
a la ley, fariseo.
El
judío es único en el mundo tanto en su origen como en pureza racial. No sabemos ¿cual fue el primer ingles, el
primer francés, cual fue el primer alemán, el primer japonés, tampoco sabemos
cual fue el primer chino? Sin embargo si
sabemos que Israel surge de un hebreo que se llamó Abraham.
La
nación judía es la única nación visible que tiene una relación particular y
personal con Dios. Y también es única porque ha podido sobrevivir a pesar de
pasar por persecuciones, desolaciones, esclavitudes, odios, expatriaciones y
exterminios.
Es
la única nación que Dios dijo que sería bendición para todas las naciones de la
tierra, porque de ella saldría el Mesías-el Salvador del mundo- el Señor Jesús,
y el que bendiga esta nación recibirán bendición y los que la maldigan
recibirán maldición.
La
nación Judía también es única en cuanto a que solo ella tiene pactos con Dios,
asegurando que permanecerán en el tiempo y que serán una nación: Los egipcios
no los pudieron acabar, el mar rojo no los pudo ahogar, los leones no los
pudieron devorar, el fuego no los pudo calcinar, los profetas no los pudieron
maldecir, las naciones no los pudieron absorber y las guerras no los podrán
destruir; los hechos y los acontecimientos en su contra nunca afectaran su
seguridad eterna. Ellos recibirán la tierra prometida y para cumplir esto el
Señor Jesús vendrá por Segunda vez. Dios ha tratado y seguirá tratando con ésta
nación de una forma muy particular.
Cualquier
estudioso de la palabra de Dios podrá ver que Israel y la iglesia son distintos,
uno con promesas terrenales y el otro con promesas celestiales.
El
origen de la Iglesia es también único. Surge también del corazón de Dios. La primera venida del Señor Jesús como
Salvador tiene como fin la constitución de su iglesia, la cual tiene como
función en la tierra mostrar y difundir el testimonio de Jesús. La iglesia esta conformada por personas
llamadas por el Señor Jesús para tener un nuevo nacimiento de la Palabra y del Espíritu, sin importar que sean Judíos o gentiles. Solo estas personas que
tengan éste nuevo nacimiento son los constituyentes de la iglesia, contrario al
pueblo de Israel que solo lo conforman los que biológicamente nacen del linaje
de Abraham, sin importar que sean creyentes o incrédulos.
El
trato de Dios con la iglesia es a través de la gracia, es decir del obrar de
Dios Espíritu dentro del creyente, lo cual le infunde fe esperanza y amor.
Como
las promesas de la iglesia son celestiales, el vivir y el andar del creyente
están dirigidos hacia las cosas celestiales, olvidándose de las cosas
terrenales. Contrario a lo que sí hace
Israel que es tratado con un sistema legal (Ley), y su promesa está aquí en la
tierra.
La
iglesia la constituyen personas de toda tribu, lengua y nación; mientras que Israel
no se mezcla.
La
iglesia tiene un rapto al cielo que la librará de una gran tribulación en la
tierra, mientras que Israel tiene que pasar por la gran tribulación por que el
Señor les dijo: “Porque yo estoy contigo
para salvarte, destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero
a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te
dejaré sin castigo”. Luego el Señor Jesús viene por segunda vez para
establecer su reino de mil años en la tierra del cual los judíos serán copartícipes y co-reyes de Jesucristo, y así se cumplirá la promesa. Hasta aquí
el pequeño paréntesis.
Así
que no dar el diezmo por que es de la ley es un error. (Ojo no me mal
interprete. Dije DAR, no PAGAR.) Y dar el diezmo porque Dios se lo dio a la
iglesia para recibir bendición, también es un error.
En ese sentido, la primera vez que vemos la palabra
diezmo en la Biblia, la vemos sin lugar a dudas en la historia de Abraham (En
el libro del Génesis 14); quien vivió muchísimos años antes que Moisés (él cual
si recibió la LEY de “manos de Dios” donde se aprecia que el diezmo fue
instituido para la nación Judía). Favor leer Génesis capítulo 14, donde
claramente se nos narra la historia de cómo en el rescate del sobrino de
Abraham, al final del combate Abraham le dio los diezmos de todo a
Melquisedec quien era sacerdote del Dios altísimo.
Según todo el contexto, claramente podemos ver que el
diezmo que Abraham dio (no dice que pagó el diezmo, sino que lo dio
voluntariamente, no existía ley ni obligación alguna que le “motivara” u
“obligara” a hacerlo) fue como un acto totalmente voluntario, como en efecto
así nos los narra las Escrituras. De modo pues que partiendo primeramente de
esta primera vez que podemos leer en la Biblia la palabra diezmo, vemos que no
fue parte de la ley aunque posteriormente sí se instituyó el diezmo, pero
enseñado de una forma diferente para ser parte de la ley mosaica en la cual sí
era obligatorio pagar el diezmo; esto nos hace ver entonces que el diezmo que
dio Abraham no fue el tipo de diezmo que debía pagar la nación de Israel. El
diezmo que debía pagar la nación Judía era más bien como una especie de impuesto
para el sostenimiento de su gobierno teocrático.
Por otro lado, vale la pena enfatizar que el
versículo 20 no dice que Abraham diera una décima parte de todo cuanto poseía,
o sea que no era un diezmo de su ingreso total ni alguna clase de diezmo anual o
semanal, sino simplemente una décima parte de lo que había tomado de la
batalla.
Otro aspecto importante que debemos notar, es que
en ninguna parte del Antiguo Testamento se menciona que Abraham volviera a dar
el diezmo otra vez.
Es importante saber que la palabra diezmo usada en
el libro del Génesis no hace referencia a una ofrenda necesaria a un
mandamiento divino, ni a una ordenanza; todo lo contrario, hace un énfasis
fuerte en que es una dádiva voluntaria. El concepto del diezmo no era
característico ni único de la Biblia, ni de aquellos que creen en el único Dios
verdadero. Este concepto es más bien algo histórico. La idea era dar un diezmo
a una deidad y era una costumbre pagana común; y esto era así para casi todas
las culturas antiguas, el número diez era el símbolo de entregar todo cuanto
tenían a ese dios.
La segunda vez que podemos leer la palabra diezmo
se encuentra registrada en Génesis capítulo 28, donde Jacob hace un voto a Dios
y en ese voto él se “compromete” delante de Dios a “darle” el diezmo de todo lo
que Dios le fuera a dar. Fue un acto otra vez totalmente voluntario, no existía
ley; pero no debemos perder de vista que fue un voto que Jacob quiso hacer y
que nadie le pidió u obligó a realizar. Sin embargo, lo que sí podemos notar es
que Jacob estaba haciendo sencillamente lo que hacían los paganos de aquella
región. Lo que Jacob estaba tratando de hacer era comprar la bendición de Dios
para tener un viaje seguro. Su motivación no era sincera y hoy lamentablemente
aun podemos estar muy influenciados por los mismos motivos egoístas que tuvo
Jacob (versículos 20-21).
Ahora, con respecto al diezmo en el período de la
ley, podemos ver claramente en la Biblia que el diezmo fue un mandamiento
que ordenó Dios a Moisés para los hijos de Israel en el monte Sinaí, para la
dedicación y consagración a Dios (Levítico 27: 30-34).
A los levitas (hijos o descendientes directos de Leví), le fueron dados, por ley, todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio o servicio del tabernáculo de reunión; Mas no podían poseer otra heredad entre los hijos de Israel. Y a su vez, los levitas tenían que ofrendar a Jehová el diezmo de los diezmos recibidos. (Números 18: 21 - 32).
Del Diezmo, Jehová mandó que se cubriesen las necesidades de los extranjeros, huérfanos y viudas que había entre ellos (Deuteronomio 14: 27 - 29 y 26: 12 - 13) y (2ª Crónicas 31: 2 - 21).
La tribu de Leví no podía tener propiedades. Por esta razón El Señor ordenó al resto de la nación sustentarlos con el 10% de sus ingresos, para que los sacerdotes levitas pudieran dedicarse al servicio del tabernáculo, labor que debían efectuar desde los 25 años, y al cumplir los 50 años, tenían que retirarse (Números. 8:24-26).
Un punto muy importante que debemos resaltar aquí,
es que el diezmo no era dinero, era en especies (Lv. 27:30), de modo pues que
era exclusivamente para el sostenimiento de los levitas y creemos que quizás El
Señor para evitar corrupción dentro de su pueblo Israel, ordenó que siempre el
diezmo fuera entregado en productos: trigo, vino, aceite, animales, etc. todo
lo cual era guardado en el “alfolí”, que era una gran pieza que estaba en el
templo y que servía de bodega para almacenar el diezmo. Por eso en Malaquías
3:6-11 Dios le dice a la nación de Israel, no a la iglesia; que le han “robado”
porque habían dejado de pagar su diezmo para los levitas, de hecho ahí no se
habla de dinero, e incluso las ofrendas no eran dinero sino animales
seleccionados por Dios para la expiación de pecados.
Otro punto importante de resaltar aquí, es que en
aquel tiempo ya existía el dinero. La Biblia dice que en los días de Abraham ya
existía el dinero; él compró con dinero el terreno para la tumba de su esposa.
Además, son múltiples los pasajes que señalan que los trabajadores recibían “un
denario” como salario por cada día de servicio. Incluso en la ley, en los días
de Moisés, Dios había ordenando que no se retuviera el salario del jornalero
hasta el día siguiente, debía ser cancelado cada día (Lv.19:13).
En pocas palabras, el diezmo fue instituido por
Dios para la NACIÓN de ISRAEL, como parte de su administración y gobierno
teocrático (ver Deuteronomio 26:12); el cual estaba destinado a los levitas que
no podían poseer tierras o heredad alguna y eso les servía de sostenimiento
para sus necesidades primarias, mientras ministraban en el templo.
En lo que respecta al Nuevo Testamento, no existe
ninguna instrucción “directa” o que trate con detalles sobre el diezmo ya que
cuando una persona ha entregado su vida entera a Dios, ésta entrega sin límites
“sus” posesiones materiales (ver Hechos Capítulo 4), esta entrega es una
entrega TOTAL al Señor. Por eso en el Nuevo Testamento no se especifica una
cantidad o un porcentaje específico que deba darse para SOSTENER la obra del
Señor, pero sí se habla de DAR según uno haya prosperado (ver 1 Corintios
16:1-2), no porque Dios necesite dinero, sino porque los que están sirviendo en
el establecimiento del reino de Dios son seres humanos que tienen necesidades
como cualquier otro ser humano de la tierra; además de los gastos en los que se
incurre cuando se tiene un “templo” que van desde las facturas de luz, agua,
alquiler, sueldos, etc.
Esto es así, porque así como podemos notar con toda
claridad en el Antiguo Testamento que el pueblo Judío tenía como regla diezmar
para el manejo de su gobierno teocrático, hoy en día los cristianos deben
ofrendar voluntariamente para el sostenimiento de la iglesia de Cristo.
La Palabra enseña que todo lo que la ley dice, lo
dice A LOS QUE ESTÁN BAJO LA LEY, para que toda boca se cierre y todo el mundo
quede bajo el juicio de Dios; Ya que, por las obras de la ley ningún ser humano
será justificado delante de Dios; porque por medio de la ley es el conocimiento
del pecado (Romanos 3: 19, 20).
Se hace necesario resaltar o recalcar que el Diezmo sólo se da en el Antiguo Testamento (La Ley), y que en el Nuevo Testamento no aparece ni tan solo una práctica de él, a pesar de que el apóstol Pablo, entre otros, fue usado por Dios en gran manera para predicar el evangelio que le había sido dado por revelación (en su caso), y para enseñar a las iglesias (o congregaciones) todo cuanto Jesucristo le había mandado. Ninguno de los apóstoles, siervos o discípulos de Jesús (judíos o gentiles) guardaban o enseñaban el mandamiento del Diezmo, PORQUE entendieron que una vez venido Lo Perfecto (La Gracia), tal mandamiento bajo la Ley dejaba de ser. (Hebreos 8:13).
Enseñar que el diezmo es un mandamiento de Dios no abolido, es caer en la triste condición de los judíos y recibir la reprenda del Señor Jesús cuando les dijo a los fariseos, escribas, etc...) Que yerran porque ignoran las Escrituras y el poder de Dios. Avalar el diezmo, usando el único texto existente en los evangelios que menciona la palabra diezmo, y que está en Mateo 23: 23 o Lucas 11: 42, e ignorar o pasar por alto, que Jesús se estaba dirigiendo a los que estaban bajo la ley, esto es, a los escribas y fariseos, llamándoles hipócritas porque estaban diezmando las cosas más insignificantes (la menta, el eneldo y el comino) y dejaban de hacer lo más importante de la Ley (La justicia, la misericordia y la fe), es caer en confusión y error. Y además y añade que: esto ERA necesario hacer (el diezmar la menta, el eneldo y el comino) sin dejar de hacer aquello (evidentemente lo que habían dejado de hacer: la justicia, la misericordia y la fe). Si hacemos un pequeño análisis gramatical del texto, podemos apreciar que al principio como se está dirigiendo a los escribas y fariseos, lo hace en Presente y después usa el Pretérito "ERA", que indica que tal suceso (el diezmar) dejaba de ser "esto era necesario hacer". No obstante, aún sin éste análisis gramatical, sino por la suma de la Palabra de Dios, los que quieran hacer la voluntad de Dios, conocerán si ésta doctrina es de Dios o "si yo hablo por mi propia cuenta", dice Jesucristo (Juan 7: 17).
Pues la Santa Escritura nos dice: Que ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en Él (Romanos 3: 21- 22). Porque el fin de la Ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree (Romanos 10: 4).
Porque la ley y los profetas eran hasta Juan (Lucas 16: 16). Pues ya no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia (Romanos 6: 14).
De manera que la ley ha sido nuestro tutor, para llevarnos a Cristo, a fin de
que fuésemos justificados por la fe. Pero venida la fe, ya no estamos bajo
tutor, (ley o esclavitud) (Gálatas 3: 24, 25).
Ahora Dios nos habla a través de su Hijo (hebreos 1: 1,2), y nos enseña que: “Cada uno dé como se propuso dar en su corazón, no con tristeza, ni por necesidad (por ley), porque Dios ama al dador alegre” (2ª Corintios 9: 7). Se reparta a cada uno según su necesidad (Hechos 2: 44, 45 y Hechos 4: 32- 37).
Nos dice que: En cuanto a la ofrenda para los santos, haced ustedes también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia, cada uno de ustedes ponga aparte ALGO según haya prosperado (1 Corintios 16: 1, 2).
Como podemos comprobar por el Nuevo Testamento, es bien cierto que NO existe un contexto para decir que el diezmo es un mandamiento de Dios, pero sí que tenemos un amplísimo contexto para decir que el Diezmo, (como otras muchas cosas que estaban bajo la Ley de Moisés, o Antiguo Pacto), han sido abolidas por la ley de Cristo, esto es, La Gracia. Pues las escrituras nos dicen: que Dios nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto; no de la letra (ley), sino del Espíritu, porque la letra mata, mas el Espíritu vivifica. Y si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria (La Ley de Moisés), tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa de la gloria de su rostro, la cual había de perecer, ¿Cómo no será más bien con gloria el ministerio de justificación? Porque aún lo que fue glorioso (Ley de Moisés o Antiguo Pacto), no es glorioso en este aspecto en comparación con la gloria más eminente (la de Cristo). Porque si lo que perece tuvo gloria, mucho más glorioso será lo que permanece. Así que, teniendo tal esperanza, usamos de mucha franqueza; y no como Moisés, que ponía un velo sobre su rostro para que los hijos de Israel no fijaran la vista en el fin de aquello que había de ser abolido (La Ley Mosaica o Antiguo Pacto) porque hasta el día de hoy, cuando leen el Antiguo Pacto, les queda el mismo velo no descubierto, el cual por Cristo es quitado. Y aún hasta el día de hoy, cuando se lee a Moisés, el velo está puesto sobre el corazón de ellos. Pero cuando se conviertan al Señor, el velo se quitará (2ª Corintios 3: 6 - 16).
Si investigamos las Escrituras, veremos que el mandamiento del Diezmo fue dado en el Antiguo Testamento bajo la Ley de Moisés, para ofrenda a Jehová y para cubrir las necesidades de los sacerdotes, que tenían que ofrecer diariamente sacrificios por sus pecados y por los del pueblo, y además, con el Diezmo se amparaba a los necesitados de entre ellos. Hebreos 7; Levítico 27;
Algunas reflexiones sobre el Diezmo:
- Marcos 10: 17 - 22 ¿Por qué Jesús le dijo a este hombre, que guardaba la ley, que debía vender TODO lo que tenía y darlo a los pobres? Si el mandamiento era el diezmo, no tendría que venderlo todo y darlo a los pobres, sino la décima parte, y así cumplía perfectamente con La Ley.
- Hechos 5: 1 - 6 ¿Por qué Ananías sustrajo del
precio de la heredad una parte? Si el Maestro hubiera enseñado que el diezmo
había que seguir cumpliéndose, Ananías lo hubiera tenido muy fácil, él solo
tendría que haber dado una parte (el diezmo), y el resto podía habérselo
quedado (que es lo que La Ley mandaba). ¿Por qué Pedro le dijo a Ananías que
podía haberse quedado con la heredad, y vendida con el dinero? Si el
mandamiento fuese el diezmar, Pedro no podría haberle dicho tal cosa, pues su obligación
hubiera sido el diezmo, pudiendo haberse quedado con el resto.
- La Ley del diezmo no era lo perfecto (Hebreos 7: 19). Porque Si una persona gana 5.000$ al mes y da la décima parte, aún le quedan 4.500 $ para su sustento. Pero si otra persona gana 800 $ al mes, teniéndolo bastante ajustado para llegar a final de mes y además está obligado a dar la décima parte, tan solo le quedarían 720 $ para su sustento. ¿Dónde está la justicia? Mientras uno aún tiene después de haber diezmado para vivir holgadamente, el otro que por sí lo tenía difícil, después de diezmar lo tiene aún peor.
- El diezmo no se mandó en el Antiguo Pacto para dar un salario a los sacerdotes, pastores, etc... Ni para pagar (como hacen hoy día) el teléfono, la electricidad, el suministro de agua o gas, el vehículo, la casa, etc... De dichos "ministros".
- Nuestro Señor Jesucristo, trajo lo perfecto. Por eso no mandó diezmar. Las ofrendas han de ser de corazón para cubrir las necesidades de los santos poniendo aparte cada uno algo, según haya prosperado. Él nos dio ejemplo de igualdad y derechos (Mateo 10: 24, 25, y Mateo 20: 1 - 16).
Pablo dijo: La abundancia de unos, supla la escasez de otros, para que haya igualdad. El que recogió mucho, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos (2ª Corintios 8: 14, 15).
Tomado de varios comentarios del tema.
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