sábado, 30 de julio de 2016

EL BAUTISMO RITUAL POR AGUA.

En el nuevo testamento nos encontramos con dos ordenanzas dada por el Señor Jesús a la iglesia.   Ahora bien, ¿Que es una ordenanza?.  Una ordenanza es un mandato u orden autoritaria en la enseñanza y  la práctica, las cuales han sido seguidas y practicadas por las iglesias cristianas; estas dos ordenanzas son el Bautismo ritual por agua y la Cena del Señor: Por ahora abordamos el bautismo ritual
El bautismo por agua  es un símbolo que representa la unión espiritual del creyente con Jesucristo el Hijo de Dios; en su muerte, la sepultura y la resurrección. Su muerte, nos juzga y nos salva del mundo que Dios condenó.
Cuando usted es bautizado, queda sepultado. La sepultura es lo más eficaz para sacar del mundo  a la gente. Del mismo modo, ¿qué cosa es más eficaz que el Bautismo Real para sacar a una persona del mundo?  Supongamos  que cierto hombre ama mucho al mundo, y que está muy apegado al mundo.  Su esposa sus hijos y sus parientes lo aman.  El tiene dinero en el banco y varios negocios bajo su control. ¿Cómo puede ese hombre salir del mundo?  La sepultura es la manera más fácil.  Cuando sus parientes lo hayan sepultado, habrá acabado con el mundo.  Por tanto, la sepultura es lo que más separa a una persona del mundo.

¿Qué es el bautismo por agua?  
Lamento decir que mucha gente cree que se trata de un rito con el cual llegan a ser miembros nominales de alguna “iglesia”.  Antes de experimentar el verdadero bautismo, pasé por ese rito.  Nunca deberíamos bautizar a la gente como si fuese un rito.  Primero debemos hacerlos discípulos enseñándoles acerca de la persona y obra del Hijo de Dios. Lucas 1:35. Y Romanos 8:3.
Cuando bautizamos a la persona solo podemos hacer lo que hizo Juan el Bautista, hacer un bautismo ritual; por eso debemos orar  y ejercitar nuestro espíritu con autoridad y con el poderoso nombre del Señor Jesús consiente que si esta persona reconoce y cree que el Hijo de Dios, es el mismo Dios encarnado (Juan 9:35-38). Y que solo El quita el pecado y ya limpios, el  Señor Jesús lo Bautiza con el bautismo Real, el bautismo con el Espíritu Santo y fuego (Mateo 3:11). Sin este Bautismo es imposible tener y sostener una vida espiritual que es la verdadera vida cristiana.
Entonces bautizamos a las personas, y ritual mente las ponemos en una “tumba”, las sepultamos. Ese sepelio los separa del mundo.
Fuimos bautizados en la muerte de Cristo (Romanos. 6:3).  Fuimos sepultados juntamente con Cristo en el  bautismo (Colosenses. 2:20).  Pasamos por las aguas del diluvio y por el mar Rojo.  Las aguas del diluvio que juzgaron a la generación de Noe  lo rescataron a él y su familia, y el mar Rojo que juzgó  a los egipcios rescató a los israelitas.  Esta es la salvación que necesitamos hoy en día.  Cada cristiano necesita el segundo aspecto de la plena salvación de Dios.

Las aguas del diluvio
El bautismo por agua fue tipificado por el diluvio que salvó a Noé del presente siglo maligno (1 Pedro. 3:20-21).  Noé fue bautizado en un bautismo enorme y experimentó un bautismo muy extenso.  Duró por lo menos cuarenta días.  El número cuarenta significa prueba. Nadie pudo haber construido un bautismo tan grande ni haber recogido tanta agua.  En la Biblia, la primera mención del bautismo fue un bautismo mundial.  Nuestro bautismo también debe ser así.  Cuando nosotros entramos en esa clase de bautisterio, no tenemos ninguna  posibilidad de salir.  Nos resulta fácil salir del bautisterio  que tenemos en el salón de reuniones, pero Noé no pudo salir del bautisterio  donde fue bautizado.  Noe fue sepultado en una tumba del tamaño del mundo.  Esa fue la semilla del bautismo.  La muerte  de Cristo es todo.  El bautismo basado en su muerte abarca todo el mundo, es universal, y está lleno de las aguas que juzgan y sepultan.

Las aguas del mar Rojo
Este bautismo por agua, que representa la muerte de Cristo, la cual juzga, también fue tipificada por las aguas del mar Rojo que salvaron a los israelitas de la era egipcia (Éxodo. 14:26-28)  Tenemos dos exposiciones  de bautismo por agua: El diluvio y el mar Rojo.   En 1 Pedro 3:20-21 dice que el diluvio por el cual pasó Noé fue una figura del bautismo que nos salva, y en 1 Corintios 10:1-2 se nos revela que el mar Rojo que atravesaron los israelitas también fue un bautismo que salvó al pueblo de Dios del poder maligno, del cautiverio del enemigo.  Todas las ocupaciones mundanas, los placeres mundanos, las diversiones y los deportes, quedaron sepultados en el mar Rojo de nuestro bautismo.  Esta clase de bautismo eficaz en el poder del Espíritu nos salva del mundo de la era del maligno que Dios condenó y juzgó.

El lavacro, el mar de bronce y el mar de vidrio 
Aparte de las figuras que tipifican el bautismo, tenemos las señales bíblicas que representan el significado del bautismo.  El bautismo era representado por el lavacro del tabernáculo (Éxodo .30:18-21).  En frente del tabernáculo se encontraba el lavacro. El área que estaba fuera de la línea separadora del tabernáculo representaba al mundo.  Supongamos que alguien salga del mundo, desea ser un sacerdote y entra en la presencia de Dios en el tabernáculo.  Primero tendría que pasar por el altar, el cual representa la Cruz de Cristo.  En el altar se presentaban las ofrendas por  los pecados.  Después de pasar por el altar, se eliminaban sus pecados y era salvo.  Muchos cristianos  piensan que después de pasar por el altar, él podía entrar inmediatamente en el lugar santo que estaba dentro del tabernáculo.  Pero dicha persona no podía moverse tan rápidamente, pues después de pasar por el altar, necesitaba lavarse en el lavacro.  El lavacro no eliminaba sus pecados.  Los pecados ya habían sido eliminados en el altar.  El lavacro eliminaba la suciedad de la tierra.  La persona necesitaba ser lavada, por que traía sobre sí la suciedad de la tierra.  El lavamiento del  lavacro quitaba la suciedad.  La sangre estaba en el altar, y no en el lavacro.
Después de que los pecados eran eliminados en el altar y de que la suciedad era quitada en el lavacro, entonces el hombre podía entrar en el Lugar Santo y entrar en la presencia de Dios.
Muchos cristianos no pueden entrar en la presencia de Dios.  Si bien fueron salvos en la cruz, ellos creen que existe todavía una separación, una barrera, que les impide entrar en la presencia de Dios. ¿Qué es eso? Es la suciedad del mundo.  Carecen del lavamiento que produce el lavacro, el cual les quita la suciedad del mundo.  En otras palabras, sus pecados fueron eliminados en la cruz, pero el mundo que traen consigo no fue sepultado debajo del mar Rojo.  El lavacro es una señal del bautismo, del diluvio y del mar Rojo.
El mismo principio se aplica al mar de bronce y a los diez lavacros asociados con el templo.  Cuando los hijos de Israel se establecieron en la tierra de Canaán, construyeron un templo.  Junto con el templo, construyeron un mar de bronce y diez lavacros (1  Reyes 7:23-38).  El bronce representa el juicio.  El mar de bronce y los diez lavacros indican la plenitud de la realización del bautismo.  Usted no puede entrar en la presencia de Dios antes de pasar por el verdadero significado del bautismo, es decir, antes de ser sepultado para el mundo.
El bautismo también es representado por el mar de vidrio. (Apocalipsis. 4:6).  En el capitulo cuatro de Apocalipsis, Juan estaba en el espíritu y vio el trono de Dios.  En frente del  trono había un mar de vidrio.  ¿Qué significa eso?  El bronce denota el juicio, y el vidrio indica estar expuesto.  Lo que se lavaba en el lavacro o en el mar de bronce no podía verse desde el lado; pero lo que se lavaba en el mar de vidrio era visible porque el mar de vidrio es transparente.  En Apocalipsis 15:2 el mar de vidrio se ve mezclado con fuego.  Por supuesto, un mar contiene mucha agua, pero este mar está mezclado con fuego.  ¿Qué significa esto? Dios juzgó la primera creación por causa de la caída de Satanás  y la caída del hombre.  Dios ha juzgado continuamente desde el principio.
Dios juzgó la era pre adámica con agua, también juzgó la era adámica con agua en la época de Noé.  Pero después del diluvio, Dios dijo que jamás volvería a juzgar al mundo con el agua (Génesis  9:11)  El juzgará por fuego; el fuego arde en el mar.  Las dos clases de juicio que Dios ejerció sobre la creación caída son: el juicio por agua y el juicio por fuego.
El mar de vidrio mezclado con fuego tendrá su consumación en el lago de fuego (Apocalipsis. 20:10, 14-15).  Todo lo que fue sepultado cuando usted sea  bautizado irá al lago de fuego.
Apocalipsis 15:2-3 revela que los salvos están sobre el mar de vidrio, regocijándose y cantando.  Cantan dos cánticos: El cántico de Moisés, que fue cantado por primera vez a la orilla del mar Rojo, y el cántico del Cordero.  Cantan el cántico de Moisés porque Moisés los hizo pasar el mar Rojo, y cantan el cántico del Cordero de Dios porque El los hizo pasar el mar del bautismo.  Por tanto todos los salvos se hallan en el mar de Vidrio.  Este es el bautisterio universal.  Al final, toda la creación entera pasará por el bautismo, y la vejes será quemada y lavada por el fuego consumidor en el lago de fuego.  Este es el bautismo universal.

En el cielo nuevo y en la tierra nueva
Al final, el cielo nuevo y la tierra nueva, la nueva creación, será llevada a la presencia de Dios, y la Nueva Jerusalén  descenderá.  La presencia de Dios se encontrará allí.  Ya no habrá mar (Apocalipsis .21:1).  El lago de fuego será la consumación de todos los bautismos en el trascurso de las edades.  Todo lo demás estará en la presencia de Dios, quien hará de la Nueva Jerusalén su morada eterna.  Por tanto ser salvos por medio del agua significa que todo lo que no sea de Dios y no esté destinado a El debe ser eliminado por el diluvio.  Finalmente este diluvio se mezclara con el fuego y llegará a su consumación en el lago de fuego.  Nosotros los que hayamos sido lavados de todo lo que no es Dios,  estaremos en la consumación de la Nueva Jerusalén.
El principio es el mismo de la vida de la iglesia hoy en día.  La iglesia es la nueva Jerusalén en miniatura, y el bautisterio es una figura del lago de fuego.  Cada bautismo es un cuadro que nos muestra cómo todas las cosas negativas sepultadas en el bautisterio irán al lago de fuego.
¿Dónde deben de estar sus nuevas modas, sus compras, sus apegos familiares, sociales etc.? Deben estar en el bautisterio. Este trasladara esas cosas al lago de fuego.  Este es el significado de ser salvos por medio del agua.  Esta salvación nos sacará de la generación  vieja, torcida y perversa y nos introducirá en el reino de Cristo.

Por :  Darío Rodríguez     

UNA ESTRELLA DIFERENTE EN EL FIRMAMENTO

Hace más de 2016 años, unos sabios de Persia, observaron algo nuevo en el cielo. Una nueva estrella había aparecido.  Su resplandor  cada vez más brillante acaparó la total atención de los Astrólogos.

Sorprendidos por el fenómeno aparentemente natural, no quitaban sus ojos de ella.

Al poco tiempo se dieron cuenta que la Luz venía hacia la tierra a una gran velocidad, y era imposible impedir la catástrofe final cuando se estrellara con el planeta.

Sin duda, éste sería el final de la tierra, y de  todo lo que en ella hay,  incluyendo la humanidad.

Efectivamente la inmensa Luz atravesó la atmósfera y llegó al planeta.  
Ellos esperaban la consecuencia fatal de dicho choque, pero no fue así.

!Eso está muy raro¡ pensaron los Sabios Astrólogos. ¿Dónde pudo haber caído el inmenso asteroide?, ¿Seria que en el temor del deceso final invocaron a Dios, y por eso no murió nada, ni nadie?

Sin lugar a dudas. Pero… ¿A cuál Dios invocaron?  Al Dios de Israel.  Cuatro mil años atrás en la peregrinación de este pueblo por la tierra, especialmente en el cautiverio en Babilonia, ellos en su angustia y desespero recordaban y clamaban lo que les enseñaron sus padres en la Ley, hoy Números 24:17-19. Esta Luz, ya no externa sino interna, alumbró la mente y el corazón de los Sabios.

Averiguaron donde estaban los Judíos actualmente. En Judá, donde está la ciudad de Jerusalén. Allá es donde debió haber caído la estrella. Vamos  a ver que ocurrió allá. Dijeron los Sabios.

Pero había un problema, que para llegar al lugar, la distancia que tenían que recorrer duraba más o menos, dos años en ir, y el mismo tiempo en regresar.

Sin vacilar emprendieron el viaje. No sabemos cuántos; pero si entendemos que fueron muchos, y que llegaron hasta Jerusalén. Muchos de ellos preguntaron al pueblo, y otros más osados se atrevieron a ir al palacio real a preguntarle al Rey Herodes el Grande: ¿dónde estaba el nuevo Rey para adorarle?.  La visita de los extraños se incrementaba día a día, y todos con el mismo fin: “conocer el nuevo Rey”. Tanto  creció la expectativa que la Biblia dice: “Que el Rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él”.
Con la orientación judía, recibida de parte de los conocedores de las escrituras, avanzaron muchas horas, o quizás días más, y llegaron hasta un pequeño y humilde pueblo llamado Belén.  Ahí se encontraron con una joven pareja humilde que tenía un pequeño y hermoso hijo, de más o menos dos años de edad.  Este se había convertido en el motivo de su largo y agotador viaje.  

Aquella gran Luz que brilló en el firmamento se había vestido de pañales y ahora caminaba alegremente por las verdes praderas del pequeño poblado, también conocido como “la ciudad de David”.

En ningún momento disminuyó la motivación de los fatigados Astrólogos; por el contrario la Luz que los guío hasta ahí, les mostró que éste pequeño Niño crecería y llegaría a ser un gran hombre, y que a través del sufrimiento moriría en una cruz, y ahí rescataría y salvaría a la humanidad de todos sus pecados. Por eso le adoraron y le dieron presentes.

Esta misma Luz sigue recorriendo kilómetros y kilómetros e impactando a mucha o quizás miles de personas, y ojala, Dios quiera, dentro de estas, usted.



Muchas Bendiciones de Dios. 
                  José Darío Rodríguez.  Mayo  29/2016