Hace
más de 2016 años, unos sabios de Persia, observaron algo nuevo en el cielo. Una
nueva estrella había aparecido. Su
resplandor cada vez más brillante
acaparó la total atención de los Astrólogos.
Sorprendidos por el fenómeno aparentemente natural, no quitaban sus ojos de ella.
Al poco tiempo se dieron cuenta que la Luz venía hacia la tierra a una gran velocidad, y era imposible impedir la catástrofe final cuando se estrellara con el planeta.
Sorprendidos por el fenómeno aparentemente natural, no quitaban sus ojos de ella.
Al poco tiempo se dieron cuenta que la Luz venía hacia la tierra a una gran velocidad, y era imposible impedir la catástrofe final cuando se estrellara con el planeta.
Sin duda, éste sería el final de la tierra, y de todo lo que en ella hay, incluyendo la humanidad.
Efectivamente la inmensa Luz atravesó la atmósfera y llegó al planeta.
Ellos esperaban la consecuencia fatal de dicho choque, pero no fue así.
!Eso está muy raro¡ pensaron los Sabios Astrólogos. ¿Dónde pudo haber caído el inmenso asteroide?, ¿Seria que en el temor del deceso final invocaron a Dios, y por eso no murió nada, ni nadie?
Sin lugar a dudas. Pero… ¿A cuál Dios invocaron? Al Dios de Israel. Cuatro mil años atrás en la peregrinación de este pueblo por la tierra, especialmente en el cautiverio en Babilonia, ellos en su angustia y desespero recordaban y clamaban lo que les enseñaron sus padres en la Ley, hoy Números 24:17-19. Esta Luz, ya no externa sino interna, alumbró la mente y el corazón de los Sabios.
Averiguaron donde estaban los Judíos actualmente. En Judá, donde está la ciudad de Jerusalén. Allá es donde debió haber caído la estrella. Vamos a ver que ocurrió allá. Dijeron los Sabios.
Pero había un problema, que para llegar al lugar, la distancia que tenían que recorrer duraba más o menos, dos años en ir, y el mismo tiempo en regresar.
Sin vacilar emprendieron el viaje. No sabemos cuántos; pero si entendemos que fueron muchos, y que llegaron hasta Jerusalén. Muchos de ellos preguntaron al pueblo, y otros más osados se atrevieron a ir al palacio real a preguntarle al Rey Herodes el Grande: ¿dónde estaba el nuevo Rey para adorarle?. La visita de los extraños se incrementaba día a día, y todos con el mismo fin: “conocer el nuevo Rey”. Tanto creció la expectativa que la Biblia dice: “Que el Rey Herodes se turbó y toda Jerusalén con él”.
Con
la orientación judía, recibida de parte de los conocedores de las escrituras,
avanzaron muchas horas, o quizás días más, y llegaron hasta un pequeño y
humilde pueblo llamado Belén. Ahí se
encontraron con una joven pareja humilde que tenía un pequeño y hermoso hijo,
de más o menos dos años de edad. Este se
había convertido en el motivo de su largo y agotador viaje.
Aquella gran Luz que brilló en el firmamento se había vestido de pañales y ahora caminaba alegremente por las verdes praderas del pequeño poblado, también conocido como “la ciudad de David”.
En ningún momento disminuyó la motivación de los fatigados Astrólogos; por el contrario la Luz que los guío hasta ahí, les mostró que éste pequeño Niño crecería y llegaría a ser un gran hombre, y que a través del sufrimiento moriría en una cruz, y ahí rescataría y salvaría a la humanidad de todos sus pecados. Por eso le adoraron y le dieron presentes.
Esta misma Luz sigue recorriendo kilómetros y kilómetros e impactando a mucha o quizás miles de personas, y ojala, Dios quiera, dentro de estas, usted.
Aquella gran Luz que brilló en el firmamento se había vestido de pañales y ahora caminaba alegremente por las verdes praderas del pequeño poblado, también conocido como “la ciudad de David”.
En ningún momento disminuyó la motivación de los fatigados Astrólogos; por el contrario la Luz que los guío hasta ahí, les mostró que éste pequeño Niño crecería y llegaría a ser un gran hombre, y que a través del sufrimiento moriría en una cruz, y ahí rescataría y salvaría a la humanidad de todos sus pecados. Por eso le adoraron y le dieron presentes.
Esta misma Luz sigue recorriendo kilómetros y kilómetros e impactando a mucha o quizás miles de personas, y ojala, Dios quiera, dentro de estas, usted.
Muchas
Bendiciones de Dios.
José Darío Rodríguez. Mayo
29/2016
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